Crónica de un superviviente en un régimen asesino

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El tirador (Al fondo a la derecha) fue identificado como Comisario del Sebin José Perdomo Camacho. Foto: Alvaro Durán Stella

Luego de unas vacaciones en el exterior regresé a Caracas, en enero de 2014; con la fecha del 5 de marzo programada para emprender mi viaje definitivo fuera de mi país. Pero el 12 de febrero, día de la juventud, se convoca una concentración para escuchar las propuestas de los dirigentes políticos de oposición. Desde este punto inicia esta crónica.

Yo asistí como cualquier venezolano que estaba en contra del Régimen, pero también como periodista. Para aquél entonces estudiaba  Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela; con una pequeña cámara de turista tomaba fotos del mitín.

Multitud congregada en Plaza Venezuela el 12 de febrero de 2014. Foto: Alvaro Durán Stella
El dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López dando un discurso ante una multitud en Plaza Venezuela, Caracas, junto a su esposa Lilian Tintori, y el hasta entonces poco conocido Diputado Juan Guaidó. Foto: Alvaro Durán Stella
El Alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, dando un discurso la tarde del 12 de febrero de 2014. Foto: Alvaro Durán Stella
Los líderes juveniles de ése entonces, Juan Requesens, Gaby Arellano y Josmir Gutierrez junto al Diputado Juan Guaidó
María Corina Machado dando un discurso en Plaza Venezuela, Caracas. 12 de febrero de 2014. Foto: Alvaro Durán Stella
Acompañado de la modelo y animadora Norelys Rodriguez. Foto: Alvaro Durán Stella

Acto seguido a los discursos de los dirigentes juveniles, Henrique Capriles Radonsky, el Alcalde Antonio Ledezma, María Corina Machado y Leopoldo López, comenzó una marcha desde Plaza Venezuela  hasta la Fiscalía General de la República; el llamado a “La salida” de Leopoldo López, tuvo la acogida de las personas que querían hacer algo para sacar a Maduro, luego de que se robó las elecciones presidenciales.

Marcha subiendo desde Plaza Venezuela hacia la Av. Libertador en Caracas. Foto: Alvaro Durán Stella
Marcha llegando a la Av. México en Bellas Artes, Caracas. Foto: Alvaro Durán Stella

Yo tenía el presentimiento que algo iba a pasar, la marcha no estaba autorizada por el Régimen y camine hasta el principio de la concentración. Leopoldo López y otros dirigentes políticos querían hacer entrega a la Fiscal Luisa Ortega Diaz, de un documento, pero ella no apareció ni tampoco pudieron entrar a entregarlo.

Manifestantes con pancartas al lado de la estatua del Presidente de México, Benito Juarez, en la Av. México, Caracas. Foto: Alvaro Durán Stella
Numerosas personas se trasladaron hasta la Fiscalía General de la República el día 12 de febrero de 2014. Foto: Alvaro Durán Stella

Pero luego de un rato entre forcejeos, discursos y arengas, comenzó la violencia. En esos instantes habían asesinado al líder del movimiento Carapaica, Juan Montoya; al parecer un asesinato selectivo, para favorecer intereses particulares dentro de la Revolución Bolivariana.

Una cuadra hacia al oeste empezó el enfrentamiento entre los manifestantes y grupos del chavismo, protegidos por los cuerpos de seguridad del régimen. Hubo escaramuzas en donde se podía apreciar el cerco que se le hacía a los manifestantes de oposición. Por un lado la Guardia Nacional; en otro lado la Policía Nacional Bolivariana, y por el otro los manifestantes chavistas.

Piquete de la PNB frente a los manifestantes. Foto: Alvaro Durán Stella

Y aunque los manifestantes trataban de controlar la situación y no caer en la violencia, los funcionarios empezaron a arremeter contra las personas, en su mayoría jóvenes, con bombas lacrimógenas y perdigones; o al principio eso creía.

Comienzo de la represión y los disturbios ese 12 de febrero de 2014 en Caracas. Foto: Alvaro Durán Stella

La violencia del Régimen es real

Estando en la Av. Universidad en la esquina de Monrroy pude observar como los disparos de armas de fuego quebraban las lámparas de un edificio. Los disparos provenían desde el norte, por la Av. Sur 11.

Para este momento ya habían disparos de armas de fuego; contra los manifestantes. en la parte superior izquierda se aprecia un reflector que quedó inservible luego de recibir varios impactos de balas. Foto: Alvaro Durán Stella

Un grupo de muchachos intentaba subir, abriéndose paso con piedras en contra de los Guardias Nacionales que disparaban perdigones y lacrimógenas. Y yo aferrado a mi cámara, y con el miedo a ser un objetivo de los tiradores ya que los seguía muy de cerca; quería captar la acción a través del lente.

Quería ver con mis propios ojos lo que hasta ése momento no era tan evidente y descarado. Funcionarios de los cuerpos armados del gobierno, disparando contra civiles desarmados.

En ése momento, a mitad de cuadra distinguí a un uniformado que con una pistola en mano, nos disparaba sin remordimientos; sin ningún tipo respeto por la vida de los demás. Algo que nunca olvidaré era la determinación con la cual tomaba postura y levantaba el arma; accionándola contra jóvenes que estaban pidiendo una mejor Venezuela.

El tirador (Al fondo a la derecha) fue identificado como Comisario del Sebin José Perdomo Camacho. Foto: Alvaro Durán Stella

Luego de unos instantes sometido a los disparos, los funcionarios se repliegan y sólo algunos manifestantes logran llegar a la esquina siguiente, Tracabordo. En ese punto yo logré seguirlos pero quedé en el lado opuesto de donde estaban ellos.

Los Guardias Nacionales y efectivos del Sebin estaban muy cerca de mí. No tenía credencial de prensa, ni siquiera una cámara que me hiciera pasar por un periodista, solo una pequeña camarita de turista que a partir de ese momento no pude utilizar más.

Los disparos retumbaban muy cerca de mí; el grupo de muchachos se protegía en la acera del frente al doblar la esquina, sin embargo, por detrás de ellos, desde el este, venía amenazante la ballena, junto con un piquete de la GNB; y por detrás de mí, desde el oeste, otro piquete de la PNB.

Asesinato a sangre fría

Los jóvenes manifestantes deciden regresarse a la esquina de Monrroy; doblan la esquina para bajar corriendo por la Av. Sur 11 hacia la Av. Universidad nuevamente. Y uno por uno pasan a toda carrera para evitar ser atrapados. Pero la fatalidad se hizo presente en la cabeza de uno de ellos.

Un proyectil de arma de fuego impacta en la cabeza de Basil Da Costa, estudiante universitario de 23 años de edad. Simplemente vi como la fuerza del impacto lo empujó hacia adelante, justo en el momento en el que doblaba la esquina corriendo, para luego caer al pavimento.

Bassil Da Costa herido mortalmente en la cabeza mientras es auxiliado por sus compañeros

Es indescriptible la sensación de pavor, de incredulidad, de impotencia que sentí en ése momento. A menos de 5 metros de mí yacía, asesinado ante mis propios ojos, un joven, solo por protestar. Y enseguida pensé, que si yo no reaccionaba en ése momento iba a ser el próximo, porque el asesino estaba  muy cerca de mí; tan cerca estaba que lo reconocí, era el que minutos antes nos disparaba apostado media cuadra mas abajo.

Mientras dos muchachos se devolvían para sujetar a Bassil, los Guardias Nacionales lanzaron bombas lacrimógenas. Se formó una cortina de humo por la cual aproveché a correr antes que me apresaran o una de las balas del asesino me dejara mortalmente herido.

Traté de ayudar a llevar Bassil hasta la Av. Universidad pero la nube tóxica me impidió seguir cargándolo y casi me asfixio. Aunque logré llegar a un lugar menos peligroso, el caos apenas comenzaba. Empezaron a dispersar el grueso de los manifestantes; hicieron su entrada los grupos civiles de motorizados armados. Golpeaban con palos y con sus cascos a todo el que veían en la calle.

Queremos paz pedían estos jóvenes, mientras se protegían de la represión en el Banco Caroní de la Av. Universidad, Caracas. Foto: Alvaro Durán Stella
Una gran mayoría pedía un cambio, luego de años de destrucción del Régimen chavista. Foto: Alvaro Durán Stella

Escapando del peligro

Yo me recuperé, seguí tomando fotos de lo que estaba pasando. Habían incendiado unas patrullas del CICPC, la sede del Ministerio Público estaba dañada; la violencia estaba desatada desde Parque Carabobo hasta Quebrada Honda. Incluso habían estudiantes que fueron golpeadas por los colectivos frente a Uneartes.

Parque Carabobo se convirtió en una zona de guerra la tarde del 12 de febrero de 2014. Foto: Alvaro Durán Stella

Pude escapar de ése peligro, pero la indignación era muy grande. Al día siguiente, regreso al lugar y veo a un grupo de personas afectas al Régimen; estaban diciendo cualquier cantidad de mentiras. Y no pude mantenerme callado.

Sede del Ministerio Público destruido luego de los disturbios. Foto: Alvaro Durán Stella

Defendí la memoria de Bassil, y señalé a los del Sebin como autores de ése asesinato; iba a entrar al edificio a declarar, pero no estaba funcionando debido a los destrozos en la entrada. De repente, un desconocido me toma por el brazo y me dice en voz baja que corriera porque unos funcionarios del Sebin venían a apresarme.

Grupos colectivos en motos agrediendo a los manifestantes, bajo la mirada complaciente de la GNB y la PNB. Foto: Alvaro Durán Stella

No lo pensé dos veces, eché a correr y me perdí en el medio de la gente; entré al metro y me monté en el primer tren que arribó a la estación. El sólo hecho de ser testigo presencial de lo que eran capaces los esbirros del chavismo, no me dio otra opción sino apurar mi salida de Venezuela; se convirtió en una huida.

Casquillos recolectados en la Esquina de Monroy en la Av. Universidad, durante el tiroteo y la represión en contra de los manifestantes por parte de funcionarios del Régimen de Maduro. Foto: Alvaro Durán Stella

Para el 5 de marzo de 2014 estaba saliendo a pie por la frontera tachirense; con dos bolsos de excursionismo y de incógnito, para nunca más volver al país que me vio nacer.

Desde entonces, me he enfrentado al Régimen como activista de derechos humanos, siendo parte del Movimiento de Venezolanos en Resistencia desde el Exilio, (Moveré); y como periodista y Director General fundador de la agencia de noticias Venezolutions, ya que mis únicas armas es la información y la verdad; mientras haya quien las utilice, la esperanza de tener una democracia en Venezuela no morirá.

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